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Todos los días, un aguador, allá en la India, recogía
el agua de una fuente y la llevaba en dos vasijas, que cargaba sobre
sus hombros colgadas de los extremos de un palo. Una de ella siempre
perdía algo de agua por una de las pequeñas grietas.
La vasija agrietada vivía asustado esperando que el aguador la
rechazase, pero un día recibió una agradable sorpresa.
El aguador en vez de reñirla, la dijo con cariño: "Ya
sé que parte de tu agua no llega a casa, pero observa que flores
más bonitas están naciendo en el camino. Las pequeñas
gotas que dejas caer y unas semillas que he sembrado por el lado que
pasas van a alegrarnos todos los días en nuestro monótono
viaje de la fuente a la casa".
Lo que se entrega a los demás, en vez de dejarnos vacíos,
llena de color y amistad nuestro mundo.
En este segundo trimestre del año centenario de la Compasión
en España podemos recordar las obras, los trabajos y la entrega
de muchos miembros de la Familia compasionista. Son flores y frutos
que han llegado hasta nosotros.
Lo importante es no romper esta cadena de gotas de entrega y continuarla
todos los días en nuestras vidas y en nuestras acciones.
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