CAMPAÑAS DE PASTORAL


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Una noche oscura, Alberto se fue a pasear por la playa con
el deseo de tirar al mar todos sus problemas. Tropezó con una
bolsa llena de piedras y aprovechó para lanzar una piedra con
cada disgusto.
_ ¡No quiero saber nada de Pedro que no me hace caso!
_ ¡Fuera mis vecinos que son quisquillosos y desagradables!
_ ¡Al mar con María mi compañera de trabajo vaga e inútil!
Y así, uno detrás de otro, salieron nombres, historias y
recuerdos que se fueron al mar acompañados de piedras y voces.

Al volver a casa todavía quedaban en la bolsa un par de
piedras que Alberto guardó en el bolsillo. Con la luz, observó que
no eran tales piedras sino rocas brillantes de minerales preciosos.

Las cosas de la vida, las personas, las dificultades, los que
están cerca y los que están lejos deben tener un hueco en nuestro
corazón. Sólo la persona que acoge hace historia y se enriquece
con la alegría de la amistad y del esfuerzo.

En este año centenario de la Compasión traemos a nuestro
recuerdo hermosos gestos de acogida y de preocupación por las
personas atendidas en las obras de la Familia compasionista.

Es una historia para repetir en todos nuestros corazones.

 

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